26 febrero, 2006

COSAS DE LA CAMPAÑA DE LAGOS Ricardo Lagos está terminando su período presidencial. Es buen momento para recordar algunas anécdotas de su campaña electoral. El grupo está en terreno, en el campo de batalla donde hay tantas almas que conquistar. El sol está amable todavía a las diez de la mañana. Las poleras blancas del “Mañana será otro Chile” y “Lagos contigo” están frescas y limpias, las zapatillas suaves, el polvo del camino todavía reposa, la música sale de algunas casas. La propaganda, equipos e itinerarios distribuidos, la gente inicia el puerta a puerta sabatino. Llamados ante las rejas o golpes tímidos en las puertas, que se ponen más enérgicos a medida que avanza la hora y la actividad es más evidente en las casas. La recepción es amable, a veces interesada, a veces hay diálogo. Unos cuantos dicen: “No pierdan el tiempo con nosotros, ya estamos inscritos con Lagos”. Se avanza lentamente por las calles, cubriendo toda la población. En pocas ocasiones, el diálogo se complica. Un grupo de muchachas grita en una verja y sale una señora de gesto agrio. - Sí, dígame. - Buenos días, señora, quisiéramos darle una información sobre la candidatura presidencial de Ricardo Lagos... - Un momentito, por favor. La señora se devuelve, camina hacia un costado de la casa, abre una portezuela que da hacia un patio interior, regresa hacia las chicas, abre la reja y grita hacia atrás. Un gran perro negro surge moviendo la cola, la señora lo azuza señalando hacia las mujeres, “cómete a estas comunistas de mierda”, el perro lanza un gruñido profundo, luego uno prolongado y trota hacia la puerta. Como brigadista que arranca sirve para otro puerta a puerta, el grupo sale en estampida entre alaridos, dejando parte del material en el campo de batalla. El perro vacila entre tanta pierna en movimiento rápido, papeles volando y gritos a destajo. Se detiene, pero para dejar bien sentado su compromiso con el deber, sigue ladrando. A cada ladrido, aumenta la velocidad centrífuga del grupo, mientras la señora les recomienda a gritos destemplados: “y no vuelvan nunca más por aquí...”. § Otro grupo tuvo un encontrón ideológico con una airada señora. Esta apoyaba a Lavín porque una sobrina lejana suya había sido secretaria de Büchi, así que no quería ver ni en pintura a los de la Concertación, porque Aylwin y Frei eran unos asquerosos, como también lo era Lagos, quien, para más remate, era un ateo consumado. - Señora, pero Büchi también es ateo... - ¿Si?, bueno, en todo caso es un ateo de los buenos. § En una casa modestísima, durante una hora un equipo escucha las historias dramáticas de la anfitriona, que las ha recibido con mucho interés, manifestándoles que en realidad no había decidido por quién votar, que no tenía información sobre las propuestas de los candidatos, que Lagos le parecía un caballero correcto. Estimuladas por un posible voto conquistado, sin contar el de un varón en silla de ruedas que escuchaba atento sin decir esta boca es mía, las brigadistas escucharon material para dos temporadas completas del Mea Culpa y con el sobrante para dos o tres emisiones de Aquí en vivo. Aprovechando que la interlocutora se paró para atender al silencioso ciudadano, decidieron que ya habían mostrado su buena voluntad, su capacidad de escucha y sus traseros su resistencia, así que cuando volvió le preguntaron su nombre, dirección completa por si era necesario venir a buscarlos el día de la elección y a qué hora les sería más cómodo ir a votar, cual era su local de votación. Respondió que no sabía dónde tenía que votar. Le pidieron mostrar su registro electoral para indicarle el local. No lo tenía. Tampoco su carnet de identidad. - ¿Cuándo votó por última vez? - En realidad, nunca he votado, señorita. - ¿Y por qué? - Bueno, en realidad nunca me he inscrito. - ¿Y el caballero? - Bueno, él tampoco, además es parapléjico y apenas habla. - ¿Y por qué no nos dijo eso cuando recién llegamos? - Bueno, ustedes parecían tan simpáticas y como en realidad no tengo a nadie con quién conversar, ocupada como estoy atendiendo al Manuel... Las brigadistas salieron sin ningún voto, con una ligera depresión ante tanta tragedia escuchada, y sumamente perdidas en el cerro, porque los demás se habían cansado de buscarlas y hacía rato que se habían ido a otra población. Para consolarse, se dijeron que buscarían un pituto con Carlos Pinto... - Mira esas dos viejitas, tienen pinta de buena onda. Vamos a conversar con ellas. Brazo en el brazo, bien juntas, sentadas en una pandereta en el polvoriento camino del cerro, las dos ancianas conversaban pausadamente mirando la gente, las jugarretas de los niños, los perros persiguiendo bicicletas. Dos brigadistas se acercan sonriendo, y antes que puedan saludar, una de las señoras les pregunta “¿Ustedes son de Lagos?”, “Si, señora...”. La abuelita se para con energía sorprendente y se marcha con furiosos pasos, desapareciendo como por arte de magia diez metros más allá. Uno queda con la boca abierta, la mano estirada con los folletos, mientras el otro corre a ver qué pasó con la votante en fuga. Hay un zanjón y allá abajo, a diez metros, una casa casi pegada al faldeo, a la cual se llega por una escalera labrada en la tierra por donde va bajando la señora. Al sentir una sombra tras ella, se devuelve y amenaza con el puño. La otra señora los tranquiliza: “No se preocupen, está medio loca esa vieja”. Los escucha atentamente, recibe la documentación y dice que ella y su nieta votarán por Lagos, no hay problema, también hablará con su hijo, aunque la nuera parece que anda chueca... § Esbelto, con elegantes ropas ajustadas, de claros colores, bien peinado, ni un cabello fuera de lugar, el paso grácil, un varón aparece a menudo en los locales del comando y de los partidos. Muy de tarde en tarde, tímidamente se asoma desde lejos a las actividades de puerta a puerta. Parece ser asesor o algo de una ex dirigenta partidaria, de la cual no se separa y a quién cuida con solicitud. Cumple a cabalidad los roles de vanguardia y retaguardia, de sombra que la cubre, de sol que ilumina su camino. Pareciera andar con un termómetro y un medidor de la intensidad de la luz invisibles, para evitarle exposiciones excesivas al calor y al sol. Siempre tiene a mano un vaso de bebida, un té, un café para su colega. Sonriente pero lejano con los demás. Algunas muchachas del equipo, gente de poca fe, no creen en tanta solicitud fraternal. Un día, cuentan excitadas a la coordinadora territorial del parlamentario que el elegante mozo quiere una entrevista con su jefe. - ¿Para qué?, pregunta ella. - Quiere pedirle ayuda para ingresar a un instituto. - Qué quiere estudiar el g...?, pregunta la coordinadora con gran sentido práctico... - ¡¡¡ Quiere ser modelo, niña, modelo, m´hija por Dios!!!. Desde entonces lo llamaron el brigadista que quería ser modelo. Desgraciadamente para él, la campaña terminó demasiado pronto... § En una población, los parlantes se instalan en la sede de la junta de vecinos. Música fuerte, con mucho ritmo, intercalando mensajes sobre el operativo social que se realizará: médicos, peluqueros, asistentes sociales, sicólogos, tarotistas. Todos en el mismo local. Los peluqueros llenan sacos de pelo hirsuto, revuelto, que cae de la cabeza de niños no siempre convencidos de someterse a la operación. Los sicólogos tratan de leer el alma y los tarotistas el destino, ambos con resultado diverso, pero las caras de los clientes tienen más sonrisas que aires trágicos. Solo los los veterinarios se han instalado en otro lugar. Tienen gran éxito: una plaga de garrapatas asola la región, por lo que tienen en espera una cuadra de perros de todos los pelajes, atemorizados, desconfiados, mientras sus dueños luchan para retenerlos en la fila Después de las dos y media de la tarde, la clientela ha disminuido, ha partido a su almuerzo dominical. Pero un sector etáreo ha almorzado más temprano, y está ahí, a las puertas del local, bien peinado, sonriente, esperando nerviosamente, llegan más y más. Se ponen nerviosos cuando ven que empezamos a embalar las cosas para meterlas en autos y camionetas. Empiezan a protestar. - Chis, oiga, ¿y los payasos? - ¿Qué payasos? - El caallero nos dijo ayer que vendrían payasos hoy día. Puchas, no hay payasos, los mandaron a otro sector. Nos miramos unos a otros. Los celulares interrogan, buscan, refunfuñan. Cuando el motín infantil está a punto de estallar, llega la solución: la batucada y los saltimbanquis. Están cerca. Se les llama al rescate. Llegan a la carrera, maarrr, se ponen de acuerdo para el último esfuerzo del día. Tambores y gritos recorren la población, interrumpiendo algunas siestas y partidos de fútbol. Pero los que hacen opinión en la casa, el futuro de Chile, quedan contentos. § En el interior sombrío de una casa se ven varias siluetas. Las brigadistas llaman varias veces. Finalmente, una cortina se mueve y una cabeza observa hacia fuera y una mano hace una seña que esperen. La puerta se abre y un varón sonriente saluda. Al saber el motivo, sonríe aún más e invita a pasar a las cuatro muchachas. Estas entran, pensando encontrar una reunión familiar dominguera. Al interior, cuando el deslumbramiento del sol pasa y se acostumbran a la penumbra, descubren un grupo de unos ocho hombres de distintas edades. Las sonrisas abundantes, los gestos poco seguros de quién les abrió la puerta y el olor reinante les demuestra que la conversación ha sido larga y bastante regada. Como una retirada brusca podría crear reacciones, una de ellas decide afrontar la situación y recita rápidamente el mensaje. Las sonrisas se multiplican. - ¡Ah, el compañero Lagos! Aquí estamos todos con Lagos, ¿verdad compañeros? - ¡Viva Lagos! - ¡¡¡Viva!!! - ¡Adelante, compañeras, estamos entre compañeros! ¿Nos acompañarán con una copita, verdad compañeras? - ¡Eso no se pregunta, pailón, sírveles, entre compañeros no hay desprecios! Las compañeras se miran entre sí, el vino no parece ser de la mejor cosecha, parece tirado a tres tiritones mezclado con matapenquero, pero, por la chupalla, son ocho votos, ocho votos, y ponerse remilgonas sólo significará prolongar la conversación y la insistencia. Una lamenta haber tomado una fuerte dosis de antibióticos esa mañana, otra inicia un inspirado discurso sobre el profundo significado progresista y popular del programa de Lagos, las otras dos se ven obligadas a tomar los respectivos vasos del sospechoso líquido y lo ingieren como cuando chicas les daban aceite de ricino, tapándose imaginariamente la nariz, pasean el vino por la boca sin decidirse a tragarlo, hasta que sus compañeras les dan un solidario y disimulado golpe en la espalda para hacer cesar el suplicio. Lo tragan entre lágrimas y toses. Se retiran entre fraternales quejas. - ¿Cómo, ya se van, nos van a dejar tomando solos? Más tarde, mientras se enjuagan la boca e ingieren ávidamente un litro de agua mineral, murmuran “¡¡¡Mierda, esto merece por lo menos un ministerio!!!”. &&&&&&&&&& &&&&&&&&&&

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