PIÑERA Y LAS MUJERES
En el caso de los hombres públicos, el problema es que queda constancia de sus dichos y gestos. Como, por ejemplo, de la actitud de Sebastián Piñera hacia sus contrincantes políticas mujeres.
FORO PÚBLICO:
Con olor a “remake”
Los chilenos no deben olvidar que la clave está en elegir, máxime si es para el cargo de Presidente, a personas que puedan dar fe de que sus discursos público y privado son coincidentes.
Roberto Amaro
La Nación, 22 diciembre 2005
Era la noche del 23 de agosto de 1992. Salía al aire el programa “A eso de…” en Megavisión, que conducía Jaime Celedón y contaba con diversos panelistas habituales que dialogaban con algún invitado. La semana anterior la invitada había sido Evelyn Matthei, la precandidata presidencial de RN. Ese domingo 23 era el turno del otro presidenciable del partido opositor, Sebastián Piñera. Pero el dueño del canal, Ricardo Claro, pidió ser invitado y salir al aire antes que el también empresario. Claro puso en cámara la grabación de una conversación telefónica que dejaba brutalmente al descubierto una oscura maniobra de Piñera para perjudicar a Matthei, su supuesta partner al interior de la “patrulla juvenil”.
¿Por qué recobra actualidad este incidente? Es que pese a los trece años transcurridos, Piñera vuelve a reflotar los mismos argumentos para atacar a su actual competidora electoral, en este caso la líder concertacionista Michelle Bachelet. Es obvio que públicamente Piñera no utiliza las mismas palabras -vulgares en su mayoría- que usó en su conversación privada con Pedro Pablo Díaz, su cómplice en la operación política contra Matthei. Pero en el fondo, las declaraciones de los últimos días, especialmente la entrevista en “El Mercurio” el domingo 18, en que acusa a Bachelet de falta de liderazgo, revela que ha vuelto a acudir a los mismos argumentos para afectar las posibilidades de su adversario, en este caso, adversaria de turno.
Independientemente de la valoración que se haga de su actitud de encabezar una verdadera asociación de voluntades para perjudicar en “mala lid” a Matthei, la contumacia de Piñera al criticar las supuestas faltas de liderazgo y contradicciones valóricas de sus oponentes, nos habla de que el hoy abanderado de la derecha no ha cambiado ni un ápice en su estrategia para enfrentar a una mujer en política. Imagino que su peor pesadilla debe ser que una mujer no sólo compita con él en negocios o política, sino que lo derrote pese a todo su poder financiero.
Acudir al diálogo entre Piñera y Díaz permite hacerse una mejor idea de cómo piensa y actúa Piñera en política y en la vida:
“Sebastián Piñera: De todo lo que dice (Matthei), después le tienen que contradecir, huevón. ¿Ah? ¿Divorcio? Que está preparada, que hable más en contra del divorcio. Que está preparada, que no está preparada. Después una cuestión le podís decir tú. Hace dos años atrás, cierto...
“Pedro Pablo Díaz: Qué.
“Sebastián Piñera: ...No es que me decía Jorge Carey, lo que me dijo Carey es que esta mina fue a buscarlo a ella para parar a Jarpa y ahora lo que pueden tratar de meterle, es el síndrome, cierto, de una huevá débil, inestable. Que va p’allá, que va p’acá, que pega tiros, que pega tiros p’acá, pero con suavidad. No puede transformar a la [Evelyn] Matthei en víctima.
“Pedro Pablo Díaz: Exactamente.
“Sebastián Piñera: Le puede decir, por ejemplo, mire, todo el país conocía una de las características, cierto, cuando su papá [Fernando Matthei] era comandante en jefe que decía una cosa, que después se contradecía, pero nadie nunca sabía qué diablos pensaba, porque decía diez cosas distintas en diez minutos. Da la impresión que esto también se extiende a usted. ¿Por cierto, no? ¿Ah? Y allí le puede tirar la cosa del divorcio, si está preparada o no está preparada, si en 30 segundos se da vuelta de carnero ¿pero cuáles? ... ¿Me entiendes o no?
Pero tiene que hacerlo bien hecho, tiene el ejemplo del divorcio, tiene el ejemplo de si está preparada, tiene el ejemplo de también ¿qué otra cuestión?
“Pedro Pablo Díaz: De la catolicidad. De si es católica y no va a misa, o sea en dejarla en contradicción. Usted dijo que su papá se había convertido al catolicismo con la venida de Juan Pablo II.
“Sebastián Piñera: Después dijo que es luterano.
“Pedro Pablo Díaz: Y ahora dice que es luterano. Ella dice que es católica y no va a misa. ¿Cómo es la huevá?
“Sebastián Piñera: La gracia es que trate elegantemente de dejarla como una cabrita chica, despistada, que está dando palos de ciego.
“Pedro Pablo Díaz: Claro, no una víctima, por ningún motivo.
“Sebastián Piñera: Pero no una víctima... Usted no cree que es mejor que se prepare más... No cree que es mejor que tenga una cosa más sólida, que piense más, que medite más, antes de pretender un cuento en que además, mucha gente cree que la están utilizando. ¿Cachái o no?”
Tiene muy buenas razones Piñera para utilizar todo su poder de presión a los medios para evitar que se le recuerde este incidente, el que prefiere evitar jugando el papel de víctima de una operación de inteligencia para liquidarlo (encabezada por la propia Matthei).
Pero los chilenos no deben olvidar que la clave está en elegir, máxime si es para el cargo de Presidente, a personas que puedan dar fe de que sus discursos público y privado son coincidentes, especialmente cuando se acude al argumento de la ética en el accionar político. En ese plano Piñera no sólo tiene tejado de vidrio, es posible decir que sencillamente no lo tiene, y trece años -para algunos- puede ser muy poco tiempo para reformar opiniones y conductas.
22 diciembre, 2005
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